Dientes de roedor fósil añaden un giro norteamericano a la historia del origen de los mamíferos caribeños

El avanzado desgaste de este molar fósil de Caribeomys merzeraudi, visto desde arriba en esta imagen de tomografía, lleva a los investigadores a pensar que perteneció a un adulto de edad avanzada. Crédito: The Palaeontological Association

Los dientes, excavados en el noroeste de Puerto Rico, pertenecen a un género y una especie de roedor hasta ahora desconocidos, bautizados como Caribeomys merzeraudi. Del tamaño de un ratón, C. merzeraudi es el roedor más pequeño que se conoce del Caribe y uno de los más antiguos de la región, con unos 29 millones de años.

Representa además el primer descubrimiento de un roedor caribeño de linaje norteamericano, un hallazgo que complica una idea vigente desde Darwin: que los mamíferos terrestres colonizaron las islas desde Sudamérica. La presencia de C. merzeraudi en Puerto Rico sugiere una segunda posibilidad: algunas especies pudieron haber llegado a la deriva desde Norteamérica.

Este diminuto roedor se suma a otros dos tipos de animales, una especie extinta parecida a un rinoceronte y las extrañas musarañas venenosas conocidas como solenodontes, como los únicos ejemplos conocidos de mamíferos terrestres caribeños con raíces norteamericanas.

“Este descubrimiento demuestra que la dispersión por mar desde Norteamérica también fue una posible vía hacia el Caribe”, dijo el coautor del estudio Jorge Vélez-Juarbe, curador asociado de mastozoología del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles. “Esto desafía lo que creíamos saber sobre los orígenes de los mamíferos terrestres antillanos”.

Jorge Vélez-Juarbe descubrió un yacimiento fósil en San Sebastián, Puerto Rico, junto a otros estudiantes subgraduados en 2006. Las excavaciones han producido fósiles de tiburones y rayas, peces, tortugas, un gavial, manatíes y la rana y los roedores más antiguos que se conocen en el Caribe. De arriba abajo, los paleontólogos en la foto son Lázaro Viñola López, Jorge Vélez-Juarbe, François Pujos y Laurent Marivaux. Crédito: Pierre-Olivier Antoine

Aunque los folletos de ecoturismo del Caribe no suelen mostrar imágenes llamativas de ratas, las islas albergaron en su momento una rica representación de roedores, incluidas ratas espinosas, chinchillas, ratas arroceras y jutías, todos descendientes de antepasados sudamericanos y centroamericanos.

La evidencia fósil y molecular sugiere que estos roedores llegaron a las islas en varias oleadas a lo largo del tiempo, aunque cómo lo hicieron, ya fuera cruzando un antiguo puente de tierra, saltando de isla en isla o a la deriva sobre vegetación, ha sido muy discutido. La escasez de fósiles de los primeros tiempos de las islas del Caribe oscurece aún más el panorama de la biodiversidad pasada de la región.

Los dientes de Caribeomys merzeraudi eran tan inusuales que al principio los investigadores no lograban discernir de qué tipo de animal provenían, dijo el coautor Lázaro Viñola López, estudiante doctoral de paleontología de vertebrados en el Florida Museum of Natural History.

“Durante varios meses no supimos qué era”, dijo. “Nos preguntábamos si podría ser algún otro roedor del Caribe o incluso algún pez extraño. Era muy desconcertante porque no se parecen a nada de lo que habíamos encontrado en esa región”.

Con el tiempo, el equipo identificó varias características dentales propias de los roedores conocidos como geomorfos, un grupo que incluye a las ratas canguro, los ratones de abazones y las tuzas. Caribeomys merzeraudi es el primer geomorfo hallado fuera de Norteamérica.

Una capa de esmalte dental excepcionalmente gruesa, entre otros rasgos, distingue a C. merzeraudi de sus parientes y podría indicar que estos roedores pertenecían a una rama antillana distinta que evolucionó en aislamiento durante varios millones de años, dijo Viñola López.

Los científicos encontraron los dientes al tamizar con agua sedimentos recolectados en un afloramiento ribereño de San Sebastián, un yacimiento que ha dado fósiles de tiburones y rayas, peces, tortugas, un gavial, manatíes y la rana más antigua que se conoce en el Caribe, un coquí. En 2019, el equipo excavó evidencia fósil de dos chinchillas grandes, que probablemente alcanzaban las 30 libras. Estos roedores sudamericanos compartieron Puerto Rico con el humilde C. merzeraudi, que pesaba menos de un cuarto de libra.

Hoy, las jutías, los murciélagos y los solenodontes son “los últimos sobrevivientes de lo que fue un grupo mucho más diverso de mamíferos caribeños”, que incluía perezosos y primates, dijo Vélez-Juarbe.

El descubrimiento de C. merzeraudi abre la tentadora posibilidad de que los mamíferos caribeños de origen norteamericano no sean tan excepcionales como se pensaba, dijo Viñola López. Pero solo hay una manera de averiguarlo: “Volver a la localidad y ver qué más podemos encontrar”.

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